viernes, 24 de julio de 2026

La Magdalena de Proust: Remedio para los impacientes

 La magdalena de Proust


Título:  Lectura para curar a los impacientes delante de un libro


Solo hay que hacer un  sano ejercicio imaginativo  y disfrutar de lo que sucede detrás de las palabras más hermosas de la literatura universal

Para leerlo no necesita paciencia: se necesita rendición.


Hay que rendirse al ritmo, al detalle, a la floritura aparentemente inútil.


Proust no te va a contar su vida: va a usar la suya para enseñarte a mirar la tuya.


Proust no escribe: borda con obsesión. No narra: arrastra. No cuenta una historia: la fermenta lentamente en su memoria y la destila gota a gota en frases que desafían la lógica del tiempo cronológico.


Y si: esa famosa magdalena es solo el principio de la emboscada


La magdalena de Proust


-“Hacía ya muchos años que no existía para mi  Combray más que el escenario y el drama del momento de acostarme, cuando un día de invierno, al volver a casa, mi madre, viendo que yo tenía frío, me propuso que tomara, en contra de mi costumbre,una taza de té.

Primero dije que no; pero luego , sin saber que que , volví de mi acuerdo. Mandó mi madre por uno de esos bollos, cortos y abultados que llaman magdalenas, que parecen que tienen por molde una valva de concha de peregrino. Y muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro tan melancólico por venir, me lleve a los labios una cucharada de té en el que había echado un trozo de magdalena.

Pero en el mismo instante en que aquel trago, con la miga del bollo, tocó mi paladar, me estremecí fija mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior.

Un placer delicioso me invadió, me aisló, sin noción de lo que lo causaba. Y él me convirtió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándose de una esencia preciosa; pero mejor dicho, esa esencia no es que estuviera en mi, es que era yo mismo.

Deje de sentirme mediocre, contingente y mortal.

¿ de dónde podría venirme esa alegría tan fuerte?

Me daba cuenta de que iba unida al sabor del té y del bollo, pero le excedia  en mucho, y no debía de ser de la misma naturaleza…       (decenas de páginas, después)

Pero cuando nada subsiste y de un pasado antiguo, cuando han muerto los seres y se han derrumbado las cosas, solos, más frágiles, más vivos, más inmateriales, más persistentes y más fieles que nunca, el olor y el sabor perduran mucho más, y recuerdan, y aguardan, y esperan, sobre las ruinas de todo, y soportan sin doblegarse en su impalpable gotita el edificio enorme del recuerdo…                    ( más paginas después )

 

Y como ese entretenimiento de los japonese que meten en un cacharro de porcelana pedacitos de papel, al parecer informes, que cuando se mojan empieza a estirarse, a tomar forma, a colorearse y a distinguirse, convirtiéndose en flores , en casas, en personajes consistentes y cognoscibles, así ahora todas las flores de nuestro jardín y los del parque del Sr.Swann y las ninfas del Vinvonne y las buenas gentes del pueblo y sus viviendas chiquititas y la iglesia  y Combray entero y sus alrededores todo eso, pueblos y jardines, que van tomando forma y consistencia, sale de mi taza de té.




En Busca del Tiempo Perdido



Su obra magna, se compone de siete libros: dentro de” En Busca del Tiempo Perdido”


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